jueves, 7 de enero de 2010

Cortazar y yo

Hablábamos de Cortazar, de la continuidad de los parques, de los inéditos, hablábamos de Cortazar y en sí hablar de Cortazar es como volver a leerlo, te da como una cosquillita en el lado derecho y te entra la nostalgia. En mi caso, recordé inmediatamente una tarde cualquiera, creo que sábado, en Cuesta, todo el mundo volteo a mirar cuando inconscientemente solté una carcajada en medio de la cafetería porque estaba leyendo sobre el deporte más particular, natación en piscina de gofio, quien no comió gofio en su niñez no fue niño, nosotras (incluye amigas, hermanas, vecinas, etc) lo hacíamos con harina, azúcar y lo tostábamos, luego tosíamos en las caras de las otras solo por diversión, a veces salíamos tan engofiadas que había que darse un baño para poder continuar, o te atorabas y terminabas sacando trocitos mojados por boca y nariz, es así.

Creo que Cortazar me trae recuerdos. Recuerdos agradables, como la soltería, la melancolía que habitaba mi casa y la soledad, las noches de bohemia y de bar, de amigos y tragos y malboros mentol. También, como si fuera poco, me trae a ti, a tu cama, a tu vida, a tu figura sonriéndome en el pasillo de aquel teatro, me trae y me deja contigo (quizás para siempre) .
Y si, hablábamos de Cortazar y terminé preguntándome, por qué es que ya no leo? Así que quizás sea hora de cambiar ciertos hábitos.