La bahía suena,
un corazón que aletea al universo,
una mundana que mira a través de una ventana,
el bosque ya no es espeso,
está dentro y sonríe.
He temblado bajo diminutas manchas estrelladas,
el pleno es la la raíz inexplorada y sucumbe,
la ingenua felicidad que desborda
una alma cuando se ha liberado todo
aquello que le hacia imposible la respiración.