y aún después de despertar y saber que la muerte no se marchita y que vas detrás del infinito,
sigues aquí, estas aquí, intentando creerte lo que te dices, dicen y dicen...
llamándole por su nombre.
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esto no es, ni será sentimental,
no lo piensen,
el significado no se encuentra
a menos que se quiera muy
decididamente, ni siquiera yo, ahora,
después de haberlo escrito, puedo decir
a ciencia cierta a qué me refiero,
pero es hora, sí, es hora de soltar los fantasmas
que no mueren y que viven a tu lado
eternamente, es la hora, de decir adiós
o luchar, y la última no es mi opción,
ahora solo quiero una mano que me sostenga
y unos labios que me digan que soy ...
así de simple, no más poesía ni pleitos,
que este capítulo sin final debe tener uno
a pesar de que duela y duela y siga doliendo.
Y ahora debo aclarar que la nota no tiene que
ver absolutamente nada con lo que escribí allá arriba.
y sin embargo, también debo admitir,
que cada palabra, cada pensamiento,
cada gramo de sangre que se escurre por
mi cuerpo, salió de ti y aun así no soy capaz
de decírtelo a la cara, que te odio, que también
te odio y no puedo evitarlo, porque me duele,
y me dueles y me sigues doliendo
en lo más profundo de lo que soy y el peso
de cargar con todos y contigo a cuestas, como un fardo
me hacen más débil cada día,
y siento que otro ser me lo reprocha, que se
da cuenta que soy hipócrita y poco sincera conmigo misma
como la gente que se va a sentar en el diván del
psicoanalista y le dice las verdades a media,
así que ahora, en este preciso momento,
en que me atrevo a decirlo todo, sin penas,
y casi sin decirlo
llueve, y también sé que te quiero,
pero te odio más, no puedo evitarlo,
pienso en ti y el rencor se hace eterno.
es mi hora, en un par de días quizás vuelva
y te perdone, mientras tanto tengo que dejarme ir.