martes, 19 de agosto de 2008

Once y cincuenta y siete minutos

no me gusta equivocarme, te deja esa sensación de café amargo, viejo y para colmo frío. ya me han dado las doce, me duele la cabeza y tengo sueño, un sueño de hace tres días, revisaba los viejos escritos, te encontré en todos, incluso cuando todavía no te conocía, un día me dijiste que no te escribiera y es cierto, se siente mejor tocar tus pestañas con la punta de los dedos, que esconderte en un par de palabras ese roce y cualquier otro, entonces basta, ya no hablo de ti, mejor te sorprendo.