jueves, 9 de julio de 2009

Paradoja

En un principio hubo humedad
también moho en las paredes
y tiempo carcomiéndose bajo las uñas,
como era de esperarse el cuento
iniciaba con “érase una vez” y finalizaba con
“la chica encontró un príncipe que se volvió sapo”.
Así fue, pero en el intermedio se traspapeló con
la vida europea y los capítulos de “candy candy” traducción argentina,
lo inventó todas estas mañanas,
una versión diferente para no abrumarse,
entonces, yo, por ejemplo, sin un es decir,
bostezo desde el cubículo primero de la izquierda
bostezo porque a veces me llega el tedio disfrazado
de las cinco y diez,
y también bostezo porque es inútil intentar no hacerlo,
intentar respirar y pensar en la plaza por ejemplo, es inútil,
imaginar tu boca en mi espalda, es inútil,
nada mata el deseo de esconder la cabeza detrás del árbol
recién talado,
nada mata las ansías frustradas
de resucitar mi muerto y ser Jesús y empezar a creer en el gran padre,
y así, una bocanada tras otras
sabiendo que olvidarás mañana aunque no quieras.
Y nuevamente yo,
por ejemplo, que pienso en lo mucho que le extraño y
en cuanto me gustaría escribirle un poema para decírselo,
pero ahora estoy seca, se acabaron las ideas y las metáforas,
se acabaron porque estoy viva y recuerdo que despertaré un día
y todos los demás no estarán
y yo probablemente tendré que verlos y luego como castigo
tendré que estar ausente en el mío, que es el único que no sufriré.
Y así se acaba el cuento en realidad, no con un fueron felices,
no, se acaba un día, sin notificación, sin previo aviso, se acaba y punto.