Con el tiempo empiezas a odiar cosas, pasas los 13 años cuando tu mayor problema era si jugabas al boleibol o al yun, pero con la adolescencia llegan los dramas, y con la adultez las complicaciones, la verdad, es que si fuera por mi, la vida transcurriria desde alguna cabaña alejada, cerca del mar, sin nada màs que cama y librero, y tecnologìa claro, pero como todos soy un animal, los animales necesitan de la manada, sin embargo, la manada a veces no necesita outsiders, solo otros animales, que esten dispuestos a morder, devorar y seguir, sin preguntarse nada màs, no hay sentido, estas dudas no son mias de mi propiedad, me las dio otro, me las cultivo otro, crecieron dentro de mi mucho antes de que ese otro animal llegarà, pero solo salieron cuando empezaron a regarse las dudas, otro animal las sembro, otro animal que odiaba la manada y los dramas, que prometiò caos y dolor, pero tambièn compañìa, otra animal que comprendìa, entonces fue cuando comprendiendole me di cuenta, pensé que lo habia encontrado, pensè que habìa una puerta, pero empezò el caos, el mismo caos al que le estuve corriendo toda la vida. El caos de verse, saberse y entenderse, cuando ves lo que hay detràs, cuando lo ves, no hay forma de volver al principio. Al ingenuo desconocimiento de la realidad. Eso que nos hace ser animales racionales, cuando falta, es lo mismo que nos hace ser, solo animales. Me gusta este lugar, nadie puede decir nada que yo no quiera oir. Aquì soy el ùnico animal de la manada y no importa si soy un outsider, lo que importa es que puedo ensuciar, organizar incluso desaparecer y nadie pregunta por què.