El amor mismo es una ausencia,
una ausencia de tristezas,
de penas,
de congojas,
pero claro, solo en sus inicios.
El amor, puro y llano, es una ausencia,
una ausencia de rencores, de puñaladas,
de hipocresias,
pero claro, solo en su estado quimico de pureza.
El amor mismo es una ausencia,
una ausencia de palabras,
de lenguas ajenas,
de bocas sin saliva prestada,
pero claro, solo en estado màs erotico.
El amor, amor mio, es una ausencia,
sobre todo cuando mi cuerpo te da la espalda
y tus ojos buscan un cielo menos complejo.