viernes, 11 de octubre de 2013

Propiedades sin titulos

Tremenda casualidad, unos ojos tristes son iguales a un sueño profundo, un engaño a una voz que se cuartea justo en el instante en que han dejado esos labios de moverse, así es como a veces se manifiesta la tristeza que provoca la necesidad de nicotina, como una casualidad, una tremenda pero no trágica casualidad.
Todo inicia evocando a Cortazar, a los atardeceres leyendo a Rayuela o cualquier otro libro, a las caminatas o trotes hacia el balcón, empiezo pensando en las veces que sonó el timbre y le abrí la puerta a al pasado o en las otras tantas en que solo contemplaba las velas mientras ausente evitaba el trajín de la gente pasando y pasando.  
Pero  ya no es. Ya no será. Esa soledad que compartí conmigo, esas noches de Sabina y Silvio y de pilas gastadas y de tres light mentol, todo eso me conducía hasta este día, en el que sentada escribo, sabiéndolo, entendiéndolo, temiendo que nada está bien, que sueño y despierto, que respiro y expiro, que a veces sonrío, sonreímos, y sin decirlo en voz alta sabemos que la casualidad que nos trajo hasta aquí también nos va robando poco a la vida. El tiempo pasa e inevitablemente con cada segundo nos hacemos más viejos.