A veces quiero mandar todo a la mierda
dedicarme a fregar o servir mesas,
olvidarme de que llevo puesto,
la rutina matutina, nocturna, la dieta,
si tiendo o no la cama,
si me despierto con una sonrisa
o si me siento abrumada y con ganas de gritar.
A veces quisiera decirle a todo el mundo su
verdad a la cara,
morder, patear, gritar,
cerrar los ojos, subirme en un avión,
enterrarme bajo al tierra,
olvidarme o mandarme al carajo.
A veces todo se revolotea,
la vida tiene matices rojos,
contracciones y resortijones,
también llanto, también accidentes,
destellos de dolor y una sensación
de que te vale madre mandar al
carajo cada palabra que tu
emocionalidad no puede controlar.