jueves, 24 de julio de 2008

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Hoy mientras almorzaba, pensaba en un poema, uno de esos que nunca llego a escribir, hasta le tenía título, evocaba los gloriosos instantes en que nadie sabe que se dice ni se hace, el aroma, como en una novela de cuarta, era algo así como una mezcla de almíbar y sábila, me gustaba, porque tenía sabor a queso blanco y aguacate, pero luego lo olvidé y cuando vine a sentarme frente al ordenador ya habían pasado demasiadas horas e instantes y quizás ya se había muerto una cotorra en la plaza de la cultura de un paro cardiaco, así que no me quedaron, vulgarmente hablando, ganas de escribir el poema, porque en estos instantes, justo en estos instantes, en que intento planificar cual será mi ruta, sin ninguna decisión concreta, escucho la vocecita de la halfwoman a mi lado, y me da, vulgarmente escribiendo, ganas de ahorcarla, con ese cerebrito tan diminuto, o seré yo, yo la del cerebrito, hoy me iré a casa golpeada y tendré que volver mañana por la mañana, a olvidar todo lo que se me ocurra.