viernes, 19 de septiembre de 2008

Poema No. 968

Advertencia: no le busquen donde no tiene, realmente este poema ya
no tiene significado, lo he cambiado tantas veces que ya no se que es, quizás si
fue algo en su momento, pero ese momento, pasó y lo olvidé, así que al verlo
otra vez y verme otra vez, supe que tenía que cambiarlo, que ya nunca más
tendría ese poema el mismo significado, y así fue, y sigue siendo, ahora lo leo
y no se lo que dice... pero lo que importa es lo que no dice.





ahí estoy yo
descomponiéndome en esa
pequeña butaca,
como si fuese,
como si quisiese,
como si reanudase
un sendero tantas veces extraviado

¿dónde has dejado mis
socorros, mi boca, mis espantos
y arrebatos?

a dónde
y cuándo
se marcharon las notas de jazz
y el bailecito lento,
y el gemido avergonzado
de los oídos ajenos,
y el derrumbe
y el torbellino.
a dónde.

ahí estoy,
profesándole pavor
a la oscuridad y a tú sombra
en su desdibujarse incesante
de este abrir y cerrar de miedos,
viéndola,
transfigurarse,
abrazándola,
en su presdigitación,
cada noche, cada verano,
sabiéndome ajena,
sabiéndola ajena,
de otros,
que la desconozcan mucho más que yo.

en ocasiones,
se que todo esto es un rompecabezas,
un acertijo, un desacierto,
también sé que mañana pasará la depresión tropical
y santo domingo olvidará el hecho de
que se hunde, violada y engañada,
y volverá a su curso:
la vida en los colmados, los rolos secos y los chismes
de cámaras de cuentas y diputados y productos químicos,
leche desnatada y periodistas famosos y meticulosos,
y la gente que se cuela de la cola
o juega al golf o va a “romana”,
y el grito de la lincoln o la puta de la churchill,
y el gobierno, burlándose como siempre,
y que capcana y que marina…

y yo, con mi rostro y mis años y mis manías,
me mojaré los pies en alguna corriente,
subsistiendo de a poco
cada vez que tu boca me traiga hasta este poema.