sábado, 13 de diciembre de 2008

A las aves que se saben aves

y a los peces que aprendieron a nadar...




Ya no abanica la soledad,
Ni se arropa los pies junto a la nostalgia,
Se sabe que desapareció una noche,
Que se volvió espuma, que amaneció en el norte.

Ya no le teje abrigos al eterno retorno,
Ni se acomoda las penas del lado muerto,
Se sabe que nació una noche
En que la luna resplandecía
Y que en su rostro nació otro rostro
y que se vistió sin pena otra geografía.

Ya no le tararea al absurdo de estar muriendo,
Ni se acompaña de espectros vivos,
Le vi deshacerse como una gota
Le vi renacer frente al amor un día.