Es la una y veintinueve
tu duermes, tu estomago retumba las paredes de la habitación
oscura y silente,
y yo,
yo barajo la posibilidad de ser
descubierta insomne y preocupada,
ahora escribo queriendo
tomar una copa y reír
o quizás que me
fume un malboro rojo
y maldiga el gobierno,
pero no, pactaré una tregua,
dormiré abrazada a tus ruidos y tu barba
y luego
despertaré mañana quizás más envejecida y feliz,
más despierta y dormida,
más yo que nunca
enredada en tu existencia.