Bastaría calcular el instante preciso
donde tus ojos se fijan en los míos
para comprender la palabra y el silencio.
Quizás bastaría recordar tu ausencia hiriendome
para entender que dos almas nunca se distancian
demasiado tiempo si las conecta
el espacio que las separa.
Bastaría ver como dos pájaros,
una ola y un delfín buscan copular con
la naturaleza en este verso absurdo y
desvergonzado para comprender que si
la lógica existe es justamente para que
nuestro yo se complemente en la
imperfecta armonía de dos perspectivas
construidas por cuatro arquitectos.
Bastaría para ti tocar mi mano
como bastaría para mí comprender tu libertad.