viernes, 10 de octubre de 2014

Tendriamos que hacerlo más a menudo...

Por ejemplo, sonreír, también a veces, decirle a la gente que te rodea que le quieres, abrazarlas, estar ahí, pero para una persona como yo esas son cosas difíciles, no sé cuando empezó ni por qué, sólo sé que me es casi imposible de tolerar a nivel biológico.

A veces despierto con esa sensación de que todo está a punto de terminar, que realmente no me he dejado envolver en la rutina, que soy quien quiero ser y que hago lo que quiero hacer. Otras, sin embargo, me doy cuenta que es todo lo contrario, estoy muy lejos de quien quiero ser, mientras el reloj sigue su curso natural, yo me detengo a comprender lo que es el presente, tratando de superar el pasado y esperando no estresarme por el futuro, pero como no estresarse en un mundo donde todos los días recibimos una noticia nueva y generalmente negativa, un virus mortal, una guerra casi cocinándose. Entonces es cuando me pregunto, hasta donde llegará nuestra estrechez de mente, nuestra inconsecuencia, nuestra falta de respeto a la vida humana del que tiene menos, que irresponsables los lideres que nos guían, los ricos, los poderosos, los empresarios, que falta están todos de un par de bofetadas de realidad, la gente solo quiero vivir, en paz, muchos años, disfrutar con sus familiares. Lo único claro es la muerte, porque afanarnos tanto en ella.

Antes la expectativa de vida de un hombre promedio en 1800 eran 40 años o menos, la gente vivía para reproducirse y dejar huérfanos, parece que volvemos a esos años o que en realidad nunca los hemos dejado atrás, que fue una ilusión. Quizás el hecho de vivir en una isla no me permita ver más allá, dirán ustedes, pero yo creo que es todo lo contrario, vivir aquí, saber lo que implica el tercer mundo, su desorden y caos, sus altas y bajas, me da la visión de saber lo que quiero, lo que puedo defender, con esto no crean ahora que me lanzaré con citas y armas a combatir, no, para qué, que sentido tendría, solo puedo cerrar los ojos y esperar abrirlos nuevamente mañana, mientras me desgasto pensando en lo que puede pasar, no por mi, sino por aquellos a quienes aún no supero el temor de abrazar.