El tedio se instala en tu espalda,
se trepa cual araña haciendo un nuevo hogar,
firme, tejiendo hilos que te bajan los párpados.
Sientes un intenso rechazo por su presencia,
tratas de salir de su red, de sacudirte sus telas,
tratas de erradicarlo de tus días,
pero todo esfuerzo es imposible.
En ocasiones, un rayo de sol novedoso y brillante
se cuela entre tus costillas;
otras, un orgasmo te rescata
como si fueras pez medio muerto en el agua.
Pero no basta, no es suficiente.
El tedio se instala en tu espalda, te pesa, te ahoga, te atrapa.