martes, 7 de octubre de 2025

ANSIEDAD


Está esa presencia que me sobrepasa y me hace dudar,
se aloja en mi pecho el día más soleado,
sin aviso, sin advertencia.
A veces logro sortearla, pero hay días —hay días—
en los que palpita en demasía,
en los que su eco resuena en mi centro,
días en los que convierte el sol en noche,
la noche en sombras,
las sombras en ecos.

Ella me aprieta, me estruja. También me alerta.
Me ayuda a pensar con claridad,
a planificar soluciones a problemas reales
o inventados por una mente activa, intensa, viva.

Por momentos me agota.
Por momentos me paraliza.
Y aunque hay una fuerza que vive dentro,
a veces —solo a veces—
un paisaje azul me devuelve al aquí y al ahora,
un atardecer sosiega mis sentidos,
un cerrar los ojos calma mi impaciencia.