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jueves, 16 de abril de 2009

No me importan los acentos ni las faltas ortograficas



Ahora, cuando por obligación abre los ojos y se acostumbra al deslumbrante resplandor de la noche, se encuentra con otro porque asimetrico y desmedido, con otra realidad empolvada de consecuencias y decisiones, con otra traba tras la puta cerca cerrada, entonces le veo, desde fuera, ojeroza y carcomida por las horas interminables de trabajo, duerme mal y despierta peor, siente, porque quizás para mala suerte, todavía siente, como el devenir le arropa el calor en las noches y le quema, ya no tiene pesadillas, pero aún en la cómodidad de ese cubiculo triangular, es solo un respiro, monoxido de carbono, polvo y años añejados en la tumba.

lunes, 30 de junio de 2008

Joder con la lluvia y todo lo que cae hacia arriba

Esta semana le ha dado con nublarse y no llover, el sábado por ejemplo, estaba en la pajarera, con todas esas aves descerebradas y yo, con lo poco que me queda, intentando sobrevivirles, a ellos, que son como muertos vivientes, que te muerden y te contagian… pero decía, que allá en la pajarera, casi temblando de frío, mirando que el cielo se quería derrumbar pero no lo terminó de hacer, solo cayeron dos segundos, unos míseros segundos que pudieron ser minutos, y el pobre profesor que no ya no ledaba la voz mandandolos a callar, como si tuvieran todos cinco años… y es que, allá en la pajarera, todos hablaban al mismo tiempo y yo, me moría de la rabia porque saldría a las seis y tendría que mojarme, pero no, salí a las seis, y me dio tiempo hasta para conquistar el mundo, no llovió, aún después de que llegamos y vimos a Ania Paz y su banda, no llovió, y había también un saxofonista haitiano que parecía la reencarnación del mejor saxofonista. Pero por ahí no iba... iba por la parte en que Ania Paz hace que nos pongamos literalmente de pie y que gritemos a coro "otra, otra", ella es perfecta, su corte, su piano y yo la admiro como si la hubiese descubierto ayer, pero tampoco iba por ahí, iba por la lluvia y el domingo, sí, el domingo, calló un diluvio al-pasito, gota a gota, durante cinco o siete horas, no lo sé bien, solo sé que a las cuatro menos veinte, estaba preparando un jugo de mango en la cocina y me sorprendió un rayo media hora después y también recuerdo, que leía en la cama, cuando quise curiosear en el balcón y parecía un tornado y dijiste que todo era perfecto porque yo estaba ahí y quise irme a casa, porque esa no era mía y que me hicieras el amor hasta que ya no quedaran huesos en mi cuerpo. Y que tampoco lloviera, como hoy, fui al banco al medio día y pensé que terminaría empapada hasta el ultimo encaje de mi ropa interior, pero no, llegaron los palitos de harina de pizza hut intactos, con todo y el queso y el orégano, quizás más tarde, cuando camino a casa y con urgencia necesite de tus brazos y la lluvia me impida llegar hasta ti, seguro que sí, que no llueve y yo me quedo con las ganas de abrazarme a tu practicidad.