jueves, 11 de septiembre de 2008

No hay título que no sea tu nombre

Tu piel se desprende bajo ese halito
de desnudez que se incorpora de tu
cama y me persigue en los
corredores del baño y el tiempo.
A veces, recurro a repetir tu nombre
hasta el cansancio,
para que me atrape la muerte,
para que te atrape mi ausencia y te
golpee de frente.
Desvisto los restos que me ha dejado
tu aliento,
los paseo calle arriba, calle inerte,
luego, en un sucumbir de alas rotas,
olas de fuego y espuma golpeando
en la George Washington el abrazo de
las estatuas de Botero...
te veo,
viniendo o marchándote,
como un niño ingenuo y frágil
que viene corriendo a mis brazos,
me veo,
encogiéndome de hombros y haciéndome
pequeñísima,
tan pequeña y tu tan universo.
Así que
Finalmente, en la soledad y el cansancio
de las canas, te canto,
para ver si me duermes
y me dejas en mi cuerpo y mi cama
otra vez,
desvistiéndome la vida para ti,
como la primera vez.
Lo escribí hace dos días.
cuánto gira el mundo en dos días?
hoy quiero escribir algo totalmente diferente.